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30 de Julio de 2010

 
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Título
UNA DIETA CETOGÉNICA BAJA EN CARBOHIDRATOS COMPARADA CON UNA DIETA BAJA EN GRASAS PARA TRATAR LA OBESIDAD Y LA HIPERLIPIDEMIA.

Un Ensayo Aleatorio Controlado

Dr. William S. Yancy Jr.; Dr. Maren K. Olsen; Dr. John R. Guyton; Ronna P. Bakst y Dr. Eric C. Westman.

Antecedentes : Las dietas bajas en carbohidratos continúan siendo populares a pesar de una falta de evidencias científicas acerca de su efectividad.

Objetivo : Comparar los efectos de un programa de dieta cetogénica baja en carbohidratos con los de una dieta baja en colesterol y de calorías reducidas.

Diseño : Ensayo aleatorio controlado.

Establecimiento : Clínica de investigación con pacientes externos.

Participantes : 120 participantes voluntarios de la comunidad con sobrepeso e hiperlipidemia.

Intervención : Dieta baja en carbohidratos (inicialmente < 20 g de carbohidratos diarios) más suplementos nutricionales, recomendación de ejercicios y reuniones del grupo o una dieta baja en grasas (< del 30% de energía proveniente de la grasa, < de 300 mg de colesterol diario y un déficit de 500 a 1000 kcal/día) además de recomendación de ejercicio y reuniones de grupos.

Mediciones : Peso corporal, composición corporal, niveles de lípidos en suero en ayunas y tolerancia.

Resultados : Una mayor proporción del grupo de dieta baja en carbohidratos que el de la dieta baja en grasas terminaros el estudio (76% contra 57%; P = 0.02). A las 24 semanas, la pérdida de peso fue mayor en el grupo de dieta baja en carbohidratos que en el grupo de dieta baja en grasas (cambio promedio: -12.9% contra –6.7%; P < 0.001). Los pacientes en ambos grupos perdieron sustancialmente más masa grasa (cambio: - 9.4 kg con la dieta baja en carbohidratos contra –4.8 kg con la dieta baja en grasas) que la masa no grasa (cambio: -3.3 kg contra –2.4 kg, respectivamente). Comparado con receptores de la dieta baja en grasas, los receptores de la dieta baja en carbohidratos tuvieron un mayor descenso en los niveles de triglicéridos en suero (cambio: -0.84 mmol/L contra –0.31 mmol/L [- 74.2 mg/dL contra – 27.9 mh/dL]; P = 0.004) y mayor aumento en los niveles de colesterol de lipoproteínas de alta densidad (0.14 mmol/L contra –0.04 mmol/L [5.5 mg/dL contra –1.6 mg/dL]; P < 0.001). Los cambios en el nivel de LDL-C no difirieron estadísticamente (0.04 mmol/L [1.6 mg/dL] en grasas baja en carbohidratos y –0.09 mmol/L [-7.4 mg/dL] con la dieta baja en grasas; P = 0.2). Los efectos adversos menores fueron más frecuentes en el grupo de la dieta baja en carbohidratos.

Limitaciones : En forma definitiva no pudimos distinguir efectos de la Dieta baja en carbohidratos y los de los suplementos nutricionales proporcionados sólo a ese grupo. Además, los participantes era saludables y sólo se siguieron durante 24 semanas. Estos factores limitan la posibilidad de generalización de este estudio.

Conclusiones : Comparada con una Dieta baja en grasas, un programa de Dieta baja en carbohidratos tuvo una mejor retención de participantes y una mayor pérdida de peso. Durante la pérdida activa de peso, los niveles de ST disminuyeron más y el nivel de HDL-C aumentó más con la Dieta baja en carbohidratos que con la Dieta baja en grasas.

Contexto . Las dietas baja en carbohidratos para reducción de peso son populares a pesar de una escasez de datos acerca de la eficacia y efectos adversos a largo plazo.

Contribución . Se asignaron al azar p ersonas hiperlipidémicas provenientes de la comunidad a una “dieta cetogénica baja en carbohidratos”o a una “dieta baja en grasa, baja en colesterol y calorías reducidas” durante 24 semanas. Comparado con el grupo “bajo en grasas”, los pacientes en el grupo “bajo en carbohidratos” perdió más peso, tuvo una mayor disminución en los niveles de triglicéridos y tuvieron mayores niveles de HDL-C. Los niveles de LDL-C permanecieron estables en ambos grupos. Los efectos colaterales fueron más frecuentes en el grupo “bajo en colesterol”, pero generalmente fueron benignos.

Precauciones. Mientras que el estudio sugiere la eficacia y la relativa seguridad de la D2b, el alto índice de abandono, el cumplimiento auto-dirigido de la dieta y el período de observación relativamente corto retan a la posibilidad de generalización de los resultados.

- Los Editores

En la medida en que la frecuencia de la obesidad ha aumentado durante los últimos 20 años (1), las dificultadas enfrentadas por pacientes con sobrepeso y su personal médico han llegado a ser evidentes. Menos del 25% de los estadounidenses que intentan perder peso realmente reducen la ingesta calórica e incrementan el ejercicio como se recomienda actualmente (2). Personas que exitosamente pierden peso tienen dificultades para mantener la pérdida de peso (3). Por lo tanto no es sorprendente que los consumidores gasten anualmente 33 billones de dólares en productos y servicios para la pérdida de peso en búsqueda de terapias efectivas (2). Debido a que muchas intervenciones para la pérdida de peso no están comprobadas ni han sido ensayadas, con frecuencia los técnicos carecen de información con la cual recomendar una determinada terapia o monitorear a un paciente una vez que haya finalizado una terapia.

Un enfoque para la pérdida de peso que ha ganado reconocimiento de cara a la modesta evidencia científica soportante es la dieta baja en carbohidratos. Una versión popular de esta dieta recomienda una restricción inicial extrema de la ingesta de carbohidratos a menos de 20 g/d (4). Este nivel de restricción de carbohidratos puede producir cetonas en suero y orina y pérdida de peso (5, 6). Sin embargo, hasta hace poco los datos disponibles acerca de dieta baja en carbohidratos provenían de estudios pequeños de corta duración, la mayoría de los cuales no fueron controlados (5, 7-10).

Hemos examinado peso corporal, composición corporal niveles de lípidos en suero y efectos adversos durante 24 semanas en personas hiperlipidémicas asignadas al azar para seguir una “dieta cetogénica baja en carbohidratos” o una “dieta baja en grasa, baja en colesterol y valorías reducidas” comúnmente utilizadas para producir pérdida de peso y reducción de los niveles de lípidos en suero.

INTRODUCCIÓN

LA ETIOLOGÍA DE HIPERINSULINISMO, resistencia a la insulina y diabetes melitus del tipo 2 es probablemente debida a múltiples factores, aún sin determinar. Sin embargo, se conoce que estos síntomas del síndrome metabólico están altamente asociados con la obesidad. 1 También se sabe que el tratamiento de la obesidad en pacientes con estos desórdenes produce niveles bajos de insulina, glicemia, hipertensión y dislipidemia, lo cual es parte del síndrome metabólico. 2-5 A pesar de los múltiples beneficios, estos tiene muchos problemas para perder peso y mantenerlo.

La dieta de la Asociación Americana de la Diabetes (ADA, por sus siglas en inglés) recomendada para los pacientes con diabetes del tipo 2 incluye la reducción de grasas (especialmente las saturadas) y la ingesta de colesterol combinada con una ingesta relativamente alta en carbohidratos. 6 El objetivo de la "dieta del diabético" es reducir la hiperlipidemia, un factor de riesgo de enfermedades coronarias. 1 Sin embargo, algunos estudios de esta dieta no convencen en relación a la prevención de eventos cardíacos, 7 y este tipo de dieta ha mostrado aumentar triglicéridos, glucosa postprandial en sangre e niveles de insulina bajos como también bajar el colesterol HDL. 8-11 Por otro lado, dos estudios de pruebas recientes hechas al azar analizando una dieta cetogénica baja en carbohidratos (LCKD) demostró mejoras en los parámetros anteriormente mencionados y uno dio indicios de que LCKD puede ser más efectiva que una dieta baja en grasas para el control glucémico en el sub-grupo de diabéticos en el estudio.

El propósito de este estudio piloto fue evaluar la eficiencia, seguridad y los efectos en el metabolismo de una dieta cetogénica baja en carbohidratos (LCKD) en pacientes diabéticos tipo 2 con sobre peso por un período de 6 semanas.

MATERIALES Y MÉTODOS

En este estudio prospectivo de un solo brazo intervinieron sujetos de edades entre los 35 y 75 años con una índice de masa corporal (BMI) de >25 kg/m 2 que eran tratados con agentes hipoglucémicos orales (OHA) y/ o con insulina, o tenían una hemoglobina de A1c>6.0% sin medicamento. Se excluyeron los sujetos, que al revisar su historial médico, en el examen médico u en las pruebas de laboratorio dieron evidencia de insuficiencia renal, problemas en el hígado o cardiovasculares.

Antes de iniciar la dieta, se les informó sobre la LCKD en un charla de una hora y tenían una meta inicial de <20g carbohidratos por día. Se les entregó a los sujetos un folleto de 3 páginas y una guía breve 14 describiendo los tipos y cantidades de alimentos que podían comer, así como también los alimentos que debían evitar. En un principio, se les permitió a los sujetos cantidades ilimitadas de carnes, aves, pescado, mariscos y huevos; 2 tazas de ensalada de vegetales al día; 1 taza de vegetales bajos en carbohidratos al día; 4 onzas de queso duro; y cantidades limitadas de crema, aguacate, olivas y jugo de limón. Las grasas y aceites no fueron restringidas excepto las margarinas y otras grasas trans que se debían evitar. Cuando el sujeto estaba listo para aumentar la ingesta de carbohidratos basado en la pérdida de peso o ansias, se agregaban aproximadamente 5 g de carbohidratos por días cada semana hasta que el peso se estabilizaba o el ansia disminuía. En esta fase, los sujetos podían escoger porciones de cada una de los siguientes alimentos: ensaladas vegetales, vegetales bajos en carbohidratos, queso suave o duro, nueces, o tentempié bajo en carbohidratos. Todos los sujetos fueron animados para tomar un multivitamínico y beber de 6 a 8 vasos de agua diariamente.

El día que se inició la dieta se redujeron los OHA y la insulina. Estos cambios variaron dependiendo del paciente, pero en general las dosis de insulina se redujeron a la mitad y los OHA fueron suspendidos o reducidos a la mitad. Los sujetos fueron consultados cada 15 días por un período de 16 semanas, en esas visitas se les revisaban los signos vitales y las medidas antropométricas, se les hacían pruebas de cetonas, se evaluaban los efectos adversos y benéficos, se les ajustaba la medicación (basados en la lecturas, 2 veces diariamente, del glucómetro; episodios hipoglucémicos, presión sanguínea y fluidos); y se les daban consejos para la dieta. El peso se media en la misma báscula digitalizada con el paciente vistiendo ropa ligera y sin zapatos. Se midieron 2 veces los pliegues de la piel (lonjas) en cada uno de los cuatro sitios - el promedio de cada uno de esos sitios fue introducido en una ecuación para determinar la grasa corporal. La cintura se medía en el punto medio entre la costilla inferior y la cresta iliaca utilizando una cinta elástica; se utilizó el promedio de dos medidas en el análisis. Se midieron la presión sanguínea y el ritmo cardiaco después de que el sujeto había estado sentado por 5 minutos. Las cetonas en la orina se midieron a través de un laboratorio certificado utilizando muestras frescas del paciente.

Se efectuaron, en las semanas 0, 8 y 6, análisis de suero (conteo completo de sangre, panel químico, panel lípido, la hormona estimulante de la tiroides, ácido úrico), microalbuminuria y pruebas de orina de 12 horas. En las semanas 4 y 12 se tomaron muestras adicionales de sangre para revisar los electrolitos y las funciones renales. Los resultados principales fueron la hemoglobina A1c (medida al inicio y en la semana 16) y el peso corporal.

Los análisis estadísticos se realizaron utilizando la versión SAS 8.02 (SAS Institute, Cary, NC). Medias y desviaciones estándar se reportan con variables continuas; las proporciones con variables categóricas. El cambio del inicio a la semana 16 de cada resultado se analizó con la Prueba t par o la prueba de rangos Wilcoxon, según fuera necesario. Un valor p de 0.05 o menos se consideró significativo.

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