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7 de Septiembre de 2010

 
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Título
EFECTOS DE UNA DIETA BAJA EN CARBOHIDRATOS SOBRE LA PÉRDIDA DE PESO Y FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR EN ADOLESCENTES CON SOBREPESO. (Continuación...)

Análisis de datos
Dos pruebas t de dos colas de Estudiantes se usaron para comparar los valores de lípidos en suero. Se usaron pruebas no paramétricas Kruskal-Wallace para comparar peso previo y posterior a la intervención, BMI y puntuación BMI Z. Se tomaron valores de P < 0.05 como estadísticamente significativo. Los participantes que no terminaron al menos 4 visitas exitosas se excluyeron del análisis final y se reportan como bajas. Los resultados finales se toman de los 30 pacientes que reportaron cumplimiento con la dieta prescrita y completaron al menos 8 de las 12 semanas del período de estudio (LC=16, LF=14). Un sujeto en cada grupo no regresó al laboratorio para realizarle los estudios de seguimiento de lípidos; 5 participantes en el grupo LF y 3 participantes en el grupo LC no regresaron sus historias de dieta detalladas. Los análisis se condujeron para determinar si las diferencias existieron entre los grupos en las mediciones iniciales de edad, altura, peso y BMI. Además, se examinaron los niveles de lípidos entre los grupos.

RESULTADOS

Como se puede ver en la Tabla I, no se detectaron diferencias significativas entre los grupos de cualquiera de las mediciones iniciales.

Ninguno de los pacientes en el grupo LF presentó cetonuria durante el estudio. Todos los pacientes en el grupo LC presentaron cetonuria casi todos los días; en promedio, la cetonuria se desarrolló en el grupo LC al tercer día. No se hizo evaluación cuantitativa del grado de cetosis.

Un análisis con 30 sujetos asignados al azar que regresaron al menos a 1 visita de seguimiento mostraron una disminución promedio en BMI de 2.4±2.7 kg/m 2 y 1.2±1.6 para los grupos LC y LF respectivamente (P = .1, no significativo). De estos considerados para el análisis final, los adolescentes en el grupo LC bajaron 9.9±0.3kg comparado con 4.1±4.9 kg para los adolescentes en el grupo LF (P <0.04). La mejoría en promedio de BMI que se notó al final de las 12 semanas fue significativamente mejor en el grupo LC comparado con el grupo LF (3.3±3.0 kg/m 2 contra 1.5±1.7 P < .05). La figura muestra la pérdida de peso para cada paciente individual que completó al menos 8 semanas de la intervención. Ocho de los 16 sujetos en el grupo LC bajaron al menos 1 kg/semana comparado con 4 de los 14 en el grupo LF (P <.05). Los análisis de las diferencias de peso con puntuación T BMI usados para ajustar la edad y el sexo mostraron un cambio significativamente mayor en el grupo LC que en el grupo LF (cambio en Z=-0.196±0.14 vs -0.144±0.27, P =.04).

En promedio, los participantes en el grupo LC reportaron que consumieron más energía comparado con los del grupo LF (Tabla II). El grupo LC reportó significativamente más consumo de grasa y significativamente menos consumo de carbohidratos que el grupo LF (ambos P <0.0001). El grupo LC comió más grasa saturada y más colesterol que el grupo LF (P <.0001) y significativamente más de estos macronutrientes que los recomendados 35-37 . En la Tabla III se muestran los cambios observados en los lípidos en suero. Los participantes en el grupo LF tuvieron una disminución significativa en LDL-C, mientras que los adolescentes en el grupo LC no. Los valores TG en suero disminuyeron significativamente de las valores base en el grupo LC. De mayor importancia para ambos grupos, ninguno de los parámetros de lípidos medido se empeoró significativamente. La revisión de los valores de laboratorio compilados en la conclusión de la intervención no reveló ninguna anormalidad en los electrolitos en suero en la función del hígado o riñón.

La tasa de deserción no difirió significativamente entre los grupos (LC: 4 de 20, LF: 5 de 19). De hecho, los pacientes en los grupos completaron la intervención a pesar de ciertos efectos secundarios tales como fatiga, jaqueca o nausea severa. Las quejas más frecuentes de los participantes fueron estreñimiento o diarrea (3 de 16) y jaqueca (2 de 16) en el grupo LC y fatiga en el grupo LF (2 de 14). Las razones más comunes para no seguir en el estudio en el grupo LC fueron incompatibilidad con la idea de consumir casi toda la energía de la grasa (2 de 4), falta de cumplimiento (1 de 4) y no regresar a las visitas de seguimiento e imposibilidad para localizarlos por teléfono (1 de 4). Para el grupo LF, las razones más comunes para descontinuar la dieta fueron las alternativas limitadas de alimentos (2 de 5), falta de cumplimiento (2 de 5) y no regresar al seguimiento e imposibilidad para localizarlos por teléfono (1 de 5).

 

Figura. La pérdida de peso de cada sujeto desde el inicio hasta el seguimiento. Cada barra representa un sujeto; la barra negra es la mediana.

DISCUSIÓN

Estos datos sugieren que los adolescentes asignados a la dieta LC al azar tenían más probabilidad de perder peso en un período de 12 semanas que los adolescentes tratados en la dieta LF y que el grupo LC perdió más peso a pesar del consumo mayor de energía reportado. Los resultados son consistentes con estudios previos que describían la efectividad de las dietas LC para promover pérdida de peso 13,14,18 . Aunque las dietas LC previamente estudiadas fueron dietas muy bajas en energía, variando de 800 a 1200 kcal/día, nuestro estudio es único porque nuestros participantes consumieron entre 1500 y 2500 kcal/día y pudieron bajar de peso significativamente. Además, nuestros participantes comieron significativamente más grasas y colesterol que los participantes en las dietas LC estudiadas previamente. Además, nuestros participantes comieron mucha más grasa y colesterol que los participantes en dietas LC estudiadas previamente. Contrario a nuestra hipótesis, la dieta no parecía dañar sus perfiles de lípidos en un período de 12 semanas. Estudios previos muestran que el aumento en grasa dietética y colesterol empeora el perfil de lípidos en suero y aumenta el riesgo cardiovascular en adolescentes en una dieta mezclada; esto no se observó en ninguno de nuestros participantes. Además, aunque se ha mostrado que las dietas LF se redujeron en ambos grupos, las reducciones fueron mayores en el grupo LC.

Reconocemos que el LDL-C mejorado de los valores base en el grupo LF, aunque no se mejoró en el grupo LC. Tal vez la dieta LC no restringida en energía no sea apropiada para personas cuya patología principal sea un LDL-C elevado, como las personas con hipercolesteremia familiar; para esos adolescentes, continuamos recomendado dietas 36 de paso 1 y paso 2 del Programa de Educación sobre Colesterol Nacional (NCEP). Sin embargo, paro los que la obesidad es la principal queja y que tienen perfil normal de lípidos o con anormalidades principalmente relacionado con TG o HDL, como los que hiperlipidemia familiar combinada, esto pudiera ser un plan de dieta con considerables ventajas. Los efectos de esta dieta en adolescentes con hiperlipidemia familiar combinada necesitan evaluarse más.

La mayoría de la literatura sobre dietas cetogénicas y LC se ha concentrado en dietas muy bajas en energía, también conocidas como ayunos modificados con ahorro de proteína (PSMF). Sin embargo, los resultados de esto estudios han sido equívocos. Willi y colaboradores 13 reportaron un aumento en pérdida de peso en adolescentes obesos en un PSMF y mostraron que la pérdida de peso fue predominantemente grasa y no masa corporal magra. Suskind y colaboradores 21 en una prueba sin control también reportaron buenos resultados con un PSMF. Sin embargo, otros investigadores no reportaron ninguna ventaja en reducción de eso en grasas modificadas cetogénicas y no cetogénicas apropiadamente controladas 14,22 . Por ejemplo, Golay y colaboradores 22 no encontraron diferencia en la pérdida de peso entre dietas bajas en energía que tenían un 15% de carbohidratos o un 45%, aunque ninguna de esas dietas produjo cetosis. Proserpi y colaboradores23 compararon una dieta ad libitum alta en grasa, dieta alta en carbohidratos y no encontraron diferencia en el grupo con grasa alta. De nuevo, el grupo LC en este protocolo obtuvo 26% de energía del alimento de parte del consumo de carbohidratos, una proporción no lo suficientemente baja para promover la cetogenesis 23 . Luscombe y colaboradores 24 reportaron que una dieta con un bajo índice glucémico aumentó los niveles HDL. Dietz y colaboradores 25 reportaron mayores pérdidas de nitrógeno en una proteína muy baja en calorías más la grasa de la dieta cuando se compararan con proteína isocalórica además de glucosa, pero estos efectos se observaron durante la restricción de energía de 3 meses de duración.

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