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12 de Marzo de 2010

 
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¿QUÉ TAL SI DESCUBRIERA QUE EL CONSUMO DE GRASA NO ES LA CAUSA DE LA OBESIDAD? (Continuación...)

De ninguna manera Atkins fue el primero en hacerse rico promocionando una alimentación alta en grasas que restringe los carbohidratos, pero él la popularizó tanto que la Asociación Médica Americana (A.M.A.)” la consideró un riesgo potencial para la salud. La AMA atacó a la dieta Atkins como un “régimen extraño” que abogaba por “una ingesta ilimitada de grasas saturadas y alimentos ricos en colesterol” y Atkins hasta tuvo que defender su sistema alimenticio en audiencias frente al congreso.

Treinta años después, Norteamérica se ha polarizado de una manera extraña en el tema del sobrepeso. Por un lado, todos nos han dicho con una certeza casi religiosa, desde el mismo Ministro de Salud hacia abajo, que la obesidad la produce el consumo excesivo de grasa y que si comemos menos grasa vamos a perder peso y vivir más tiempo. Por otro lado, tenemos el mensaje convincente de Atkins y otra cantidad de libros de doctores famosos que hablan sobre dietas similares, “The Zone”, “Sugar Busters” y “Protein Power”, por nombrar algunos. Todos promueven alguna variación de lo que los científicos llamarían la hipótesis alternativa (mismo enfoque): no es la grasa lo que nos hace gordos, son los carbohidratos y si comemos menos carbohidratos vamos a perder peso y vivir más tiempo.

La perversidad de esta hipótesis alternativa es que identifica la causa de la obesidad: los carbohidratos refinados de la base de la famosa Pirámide Alimenticia – la pasta, el arroz y el pan – lo que se nos dijo son los alimentos básicos de nuestra saludable alimentación baja en grasas y después el azúcar o jarabe de maíz en las bebidas gaseosas, jugos de frutas y bebidas gaseosas que hemos estado consumiendo en grandes cantidades por la única razón de que no contienen grasa y por lo tanto parecen intrínsicamente saludables.

Mientras el dogma de “bajo en grasa es bueno para la salud” representa la realidad como la conocemos, el gobierno ha gastado cientos de millones de dólares en investigaciones tratando de probar su valor, y el mensaje de bajo consumo de carbohidratos ha sido relegado al reino de la fantasía no científica.

Sin embargo, en los últimos cinco años, se ha presentado un cambio sutil en el consenso científico. Antes, el considerar la posibilidad de una hipótesis alternativa, mucho menos investigarla, era equivalente a charlatanería. Hoy en día, una minoría, pero en crecimiento, de investigadores del mundo científico han tomado en serio lo que han estado diciendo los médicos partidarios de la alimentación baja en carbohidratos. Walter Willett, jefe del departamento de nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard, puede ser el autor más visible que está probando esta hipótesis herética. Willet ha sido el vocero de facto de los estudios alimenticios y salud a largo plazo, más influyente, alguna vez realizado, que ya ha costado más de $100 millones de dólares e incluye los datos de casi 300,000 individuos. Esos datos, dice Willet, contradicen claramente el mensaje “bajo en grasa es bueno para la salud y la idea de que toda las grasas son malas; el enfoque exclusivo en los efectos adversos de la grasa pudo haber contribuido a la epidemia de la obesidad”.

 

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